LA LECHE QUE NOS DIERON

GRANJA LOS ARCOS, LECHE, CASPE,

Nada tiene que ver con la infusión láctea que tomamos hoy en día. La leche que nos dieron de niños, a los que tenemos más de treinta años, era un producto, como dirían nuestras madres o abuelas «de alimento». En una casa familiar de muchos miembros y responsabilidades compartidas, yo tuve la suerte, desde los seis años, de ser la encargada de realizar la compra diaria antes de ir al colegio. Entre esa compra completa estaba la parada para coger la leche. Cinco litros. Y un gustillo indescriptible en el ruido al llenar el envase y al ver la espuma que se hacía en la parte superior. Al llegar a casa había que ponerla hervir y, al rato, limpiar la cocina porque siempre se salía.

Pero llegó la modernidad a los desayunos y quien no consumía leche en tetra brik era un cateto redomado. Recuerdo el sabor de la leche de «caja». Las primeras experiencias fueron asquerosas. Mi paladar la rechazaba, simplemente, no estaba acostumbrado a esos sabores dulces y algo artificiales. Pero había que educarlo. Era lo que se llevaba, la practicidad de los hogares había llegado como una revolución merecida.

Hace unos meses visité una granja de vacas en Caspe (Zaragoza). Se trata de Granja Los Arcos, que además de cuidar a 40 vacas, Casimiro las ordeña y hace verdaderas maravillas con su leche. Que si queso fresco, curado o viejo, que si yogures, yogures normales (delicious!), con bífidus, arroz con leche, que si flan de café (divino!) que si…. En esa gama de productos tan infinita como extraordinaria, principalmente porque la materia prima que utiliza es metro 0, ya que cuando Casimiro hace el queso puede sentir el respirar de las vacas en su nuca, hay también leche de venta al público.

Leche que Casimiro pasteriza (la somete a un proceso de calentamiento de unos 72º durante un breve tiempo, de 15 a 20 segundos. Más o menos lo que hacíamos en casa hirviendo la leche, pero con un proceso controlado) y la envasa en bolsas que han de mantenerse refrigeradas los 4-6 días que tiene hasta su caducidad. Su sabor es aquel de la leche de la infancia. Ahora cuesta, pero no más que costó hacerse con la leche UHT, sí, la de caja. La leche de tetra brick ha sufrido el proceso Ultra-high temperature, es decir, que han puesto la leche como una moto, a 135-150º en 2-8 segundos para dejarla como una patena de microorganismos, enzimas, y de algunas cuantas vitaminas del grupo B que mueren por el camino. Luego ya si eso se las añaden, les colocan el «enriquecido con» y le suben el precio.

Hace poco han abierto en el barrio de Malasaña de Madrid un puesto para comprar leche fresca, que debe de ser lo más «cool» y lo más «in» acercarte ahí con tu lechera vintage (de nueva adquisición) y comprar un litro de leche. ¡Bien por la iniciativa!, pero existiendo granjas como la de Casimiro, que haberlas las hay en muchas zonas rurales, no has de ir de «culin» hasta Madrid para comprarla y tomar leche «de alimento».TENTACIONES EN LA MESA

Casimiro me contaba que le cuesta producir un litro de leche 0,50€ y que la vende a 0,89€. Sin embargo, las cosas han cambiado y se avistan nubarrones. Desde el 1 de abril de 2015 desaparecieron las cuotas lácteas, que fueron creadas por la UE en 1984, poniendo topes a la producción y permitiendo ser más competitivos a los más pequeños. Ahora se establece el «Paquete lácteo», para regular las relaciones entre productores y compradores a través de contratos anuales de compra-venta de leche y la fijación de un precio por parte de los compradores, que se sitúa muy por debajo de esos 0,50€ de coste que le supone al granjero producir un litro. Al final, han resultado ser medidas que lo único que han conseguido es dar más herramientas de poder a las grandes empresas productoras de leche, que hacen y deshacen a su antojo, y dejar desamparados e impotentes a los pequeños productores que han de vender su producción a 0,36 y hasta 0,17€ el litro. Una calamidad en el siglo XXI.

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