CEREZAS DEL MES DE ABRIL

Javier de Pablo nos muestra sus cerezas tempranas

Visitando sus frutales de Albalate de Cinca (Huesca), algunos muy jóvenes, tanto que apenas levantan el metro del suelo, otros cuajados de flor rosa o blanca, comenta con una sonrisa de soslayo, que su padre, en otra vida, debió de ser un inventor, un genio, porque “su cabeza no deja de generar ideas” que lanza a Javier de Pablo, su hijo. Él fue quien le propuso adelantar la producción de la cereza y llegar de los primeros al mercado ofreciendo cerezas antes que nadie y haciendo de su empresa Fruit Luxury Company, una empresa destacada del resto.

 

A esto se le llama competencia de mercado o estrategia de venta o como quiera llamarse en lenguaje empresarial. Lo cierto es que para Javier es la llave que le permite estar en mercados selectos, adentrarse en ellos con un producto único que de otra manera le sería difícil llegar.

 

 
El proceso fue sesudo, lento y muy costoso. Sesudo porque Javier metió en su maleta la idea de su padre y se la llevó a su universidad donde trabajó con sus profesores en la idoneidad de este proyecto. Lento porque todo lo importante cuesta y esto no iba a ser menos, sin contar con que los 4 o 5 primeros años el árbol no produce fruto; costoso porque adelantar el ciclo de floración supone adecuar la investigación a una fuerte inversión que la convierta en una realidad.
Mientras la cereza en el interior del invernadero comienza a tomar color…
 

 

En el exterior, los cerezos están en plena floración. Fotos tomadas el 19 de marzo de 2017.
Hoy, más de una década después, sus invernaderos cubren 4,5 hectáreas de cerezos de floración temprana, que se adelanta un mes a aquella que tiene lugar en el cerezo de campo. Gestionar el cultivo de cerezo en invernadero con el fin de adelantar su ciclo de cultivo conlleva un gran esfuerzo económico y de dedicación. Los cerezos han de cubrir 500 horas de invierno para asegurar que la floración será fructífera. Si es necesario, el sombreo o la microaspersión permitirán bajar la temperatura.

 

 

Imagen de los cerezos del invernadero

 

Una vez que se han cubierto las 500 horas en las que el árbol ha estado en condiciones invernales, se puede modificar la temperatura ambiental para favorecer que el árbol despierte de su letargo y florezca. Para ello, se precisa conseguir que la temperatura no baje de 12º en cualquier lugar del invernadero, el cual está provisto de calderas, que se nutren con biomasa a base de huesos de melocotón de las conserveras próximas y pellets. La temperatura tampoco debe exceder los 30º. Un margen este, de los 12 a los 30 grados, que obliga a tener una persona fija, día y noche cuidando los cerezos con suma atención.

 

Los huesos de melocotón son el combustible con el que suben la temperatura en los invernaderos.
 

 

Una vez florecidos, hay que ayudar a su polinización en el interior del invernadero. Javier probó con abejas, pero no lo resistieron, sí lo han conseguido los abejorros. Entre 40 y 50 cajas por hectárea, que simulan una colmena habitada por una súper reina y un equipo de abejorros dispuestos a dejarse la vida por alimentar a su reina y ya de paso obrar el milagro de puntear los cerezos de un dulce e intenso color rojo.

 

 

 

La primera semana de abril estos cerezos a los que se les ha hecho madrugar antes de tiempo están cargados de fruta y comienza la recolección que durará hasta finales de mes, cuando comienza la cosecha de cerezo en las 35 hectáreas de campo, pudiendo alargarse hasta la primera quincena de mayo. Unos cerezos y otros que ofrecen a Javier dos meses y medio de campaña, para la que necesita multiplicar su plantilla anual y pasar de los 7-8 trabajadores fijos a los 60 eventuales.

 

Imagen del almacén donde esta empresa selecciona y envasa la fruta. Fue tomada la campaña pasada, el 4 de junio de 2016.

La cereza temprana puede pagarse al productor a 10€ el kilo, pero ser comprada en mercados selectos de Madrid, Barcelona, París, Milán, Bruselas o Londres, por clientes sibaritas a 100-120€ el kilo. Sin embargo, Javier me advierte de algo que es evidente después de haberme explicado el ingente esfuerzo invertido hasta obtener esta fruta prodigiosa: “la cereza más cara suele ser la menos rentable”.

 

 

 

 A él, esta fruta temprana le abre las puertas de los mercados más exclusivos como, por ejemplo, Harrods, uno de los centros comerciales más famosos de Londres. Y una vez abiertas, le permite colocar en los mismos su cereza de temporada, de gran calidad, pero más difícil de competir con el resto de la oferta de mercado de no haber contado con esta avanzadilla.  

 

 
Javier mide la concentración de azúcar de la cereza.

 

La cosecha media de esta empresa es de unos 25.000 kilos de cereza de invernadero, 200.000 de cereza de campo, que se distribuyen en unas quince variedades diferentes. Se trata de las variedades Brooks, que destaca sobre todas, primegiant, santina, satín, lapins, skeena, entre otras, que comercializan con la marca Pearl Cherries y Rouge Pearls.

 

 

El esfuerzo es grande, pero esta empresa no sólo se dedica a la cereza. En total se ocupan de 120 hectáreas de frutales como almendro, melocotón, la propia cereza e higo ecológico, su nueva adquisición.

 

 

Cerezas de campo de Albalate de Cinca. Campaña de 2016

 

 

Me explica, en el recorrido por sus frutales, cómo ha cambiado Albalate de Cinca, de una agricultura estancada al resurgimiento de proyectos agropecuarios innovadores, acordes, o incluso adelantados, con las nuevas tendencias del mercado. Pollos ecológicos, granjas de gallinas ponedoras ecológicas, su idea de la cereza temprana… No obstante, su gran proyecto le pide tanta dedicación que ha dejado de ser el motor pasional que tire de toda la maquinaria “no me cansa el trabajo, me cansa no poder disfrutar de él”, confiesa. Piensa en nuevos proyectos. Se le iluminan los ojos y la cara. Esboza ideas y se anima solo con la posibilidad de que llegue el día en el que sean posibles. Seguro que de esas cavilaciones sale algo grande. ¡Pues no consiguió cerezas en el mes de abril! 

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